*>*: Anem a pams, perquè ballarins? Rosalina, tu mateixa.

ROSALINA Yo empecé exactamente por una amiga mía que iba a clases de ballet. Yo, desde pequeña soñaba en  ser músico y quería tocar el piano, el violín y  el arpa. Resulta que un día fui a ver el fin de curso en el que bailaba mi amiga,  y quedé encantada.  Dio la casualidad que ella había decidido cambiarse de escuela y al siguiente curso empezó con Magriñá y me dijo: -Si quieres, este año voy a entrar en una academia nueva, si quieres vamos las dos juntas. Yo tenía nueve años.  Fui con ella, y a la que pude le dije al maestro Magriña y a la señora Conchita Pujol*  que quería entrar en la misma clase que mi amiga. Claro, ellos me  dijeron que no porque no había hecho nunca nada. Supongo que me vieron tan triste que de todas maneras el maestro me hizo la típica prueba, y me dijo: -Vamos a ver si puedes seguir la clase. Yo me esforcé mucho, y aunque vieran que no podría hacer mucha cosa  me dejaron probar.  Mi amiga al año siguiente desapareció y yo seguí.

En mi casa no se lo creían, porque como quería ser tantas cosas… Fui a la clase con mi pantalón corto y mi camiseta, porque mi madre dijo:  -nada de ropa de ballet porque no te va a gustar.  Y me gustó.  Entonces vi la película  Las zapatillas rojas*. Qué bonito! yo quiero bailar!  Entré en el estudio de la calle Petrixol* un mes de enero y en el mes de octubre ya estaba bailando  -los negritos-  de Aida en el Liceo. Era la prueba de fuego, si bailas los Negritos, ya puedes atreverte, después lo bailas todo.  Y así fue mi principio, pero  ya ves, por casualidad,  gracias a mi vecina y también  porque tuve la suerte de empezar con  Magriñà.

 

*>*: Ese era el principio de todas las niñas que entraban en el Liceo, las futuras bailarinas.

ROSALINA  Claro, es muy alentador para una aprendiz de bailarina poder salir al escenario del Liceo aunque sea con papeles fáciles i cortitos. Esto de bailar en el Liceo con nueve años, impresiona mucho, te mueve i te cautiva.

 

*>*: ¿Y cuando tu madre te vio bailando en el escenario del  Liceu?

ROSALINA A mi madre le hubiera gustado que su  hija no fuera bailarina. No tengo a nadie en mi familia que sea artista, a nadie. Todos son abogados. Y naturalmente,  yo estaba predestinada a ser abogado.  Así que , a mi familia no les importaba que fuera diciendo que iba a tocar el piano, el violín y el arpa. Y  cuando vieron que la niña queria ser bailarina…dijeron: -bueno, esto se le pasará. Pero cuando vieron que iban pasando los años i que no me aburría, y que con 13 años recién cumplidos  ya estaba en la Compañía de ballet del Liceu, entonces lo entendieron,  y no tuve más problemas.

 

*>*: Eras tú Rosalina la que iba a revolucionar la familia.

ROSALINA Era yo, sí. De tener una prima hermana monja de clausura a ser yo bailarina…

 

*>*: ¿Y Miguel? ¿Cómo empezaste?

MIGUEL Miguel, de pequeño no tenía ni idea de que existiera algo como la danza. Yo siempre he sido un chico muy furioso, muy inquieto, tenía que sacar mi furia por algún lado. Mi hermana, al  igual que todas las chicas  cuando les preguntas de pequeñas, ¿que quieren ser de mayor? Y te responden: yo, bailarina! Pués ella igual. Quería ser bailarina e insistió en su propósito. Por suerte,  he tenido unos padres muy abiertos y aficionados a la música. Mi padre me cantaba las zarzuelas! Yo acompañaba a mi hermana a las clases de ballet y al final me dijo: -Si siempre me acompañas… pues ¿por qué no te animas a bailar?  Y yo dije lo que todos los niños. -No, eso no, porque eso es para…[ calla la paraula que per tradició acompanya als ballarins per defecte, i que es refereix a tendencies femenines en els homes]

 

*>*: En aquella época era hasta insultante.

MIGUEL  Ahí está. Mi padre sin embargo me dijo: -Hombre no seas así, tú lo pruebas y si no te gusta no te vamos a obligar. Empecé con Marina Norek*, en la calle San Pablo, era una profesora genial cuando ella quería, sino,  podía ser la persona más  gandula que hayas conocido, con perdón,  que está en el cielo.  Cogió una especie de cariño por mí y me cuidó un poco más que a los demás.

Al principio, cuando te pones en una barra, te preguntas a ti mismo: -bueno, ¿cuántas piernas tengo? Porque no sabes ni  por donde empezar ni cómo hacerlo. Pero, aunque parezca mentira,  me fue muy fácil, muy fácil y muy rápido. Me acuerdo de la época en la que coincidí en las  clases con Juan Tena* y  Jordi Ventura. A ellos les costaba una barbaridad. Y a mi no. Me era fácil y avanzaba muy rápido. Y  me dije: -esto es lo mío! Además, con el nervio que yo tenía siempre, resultó ser mi tubo de escape.

Mas tarde también hice clases con Madamme Elsa*.  Total, que yo empecé por mi hermana y mi hermana dijo: -esto no es lo mío, eso de bailar es muy cansado. La verdad es que es muy duro, cuando se hace como Dios manda, es muy duro. Sobre todo si tienes pretensiones de hacer algo en serio. En aquellos días  lo más serio y profesional que había aquí en Barcelona, era Juan Magriñá. La primera vez que tuve contacto con Juan Magriñá, fue en una temporada de ópera que necesitaban chicos y yo era un chico jovencísimo. Fué por entonces que se montó el Ballet de Juan Tena* y yo estuve bailando con el,  por supuesto.  Al mismo tiempo aprendía  – danza española- con Mariemma*,   y perdón por el atrevimiento, pero  he bailado bastante bien –español- y también el flamenco.

No empecé muy joven a estudiar danza,  pero fui quemando etapas bastante rápido y empecé relativamente pronto en el Liceo. Hice una temporada en la que se estrenó Pavana Real, de Rodrigo. Fue una estrena mundial que montó el maestro Magriñá y en los que estaban mucha gente de la época como era Alicia Tomás, Emilio Altés Antonio Español, que murió hace ya tiempo, y un largo etcétera,

 

*>*: ¿te das cuenta que tu padre era un poco especial?

MIGUELSí, sí que lo era.

 

*>*: Es la primera vez,  en todas las entrevistas que he realizado a bailarines varones,  que me dicen que su padre le alentó a intentarlo.

MIGUEL Sí. Mi padre también era un aficionado al teatro, era un hombre muy culto. Y me llevaba a ver zarzuelas y cosas por el estilo. El mundo del  teatro era como un tabú. De la puerta para adentro era como medio tenebroso y extraño. Sobre todo las compañías de ballet, donde se adivinaba un ambiente como muy especial y peculiar, y esas historias venian  por tradición desde principios de siglo,  cuando los Ballets de Diaghilev*. El  me previno de todo lo que podía me podía ocurrir, pero cada uno hacía de su capa un sayo, o sea que,  adelante con los faroles!  Tuve que torear, como todo el mundo en aquella época, pero  toreé parece que bien y aquí estoy impoluto.

En el año 1956 el maestro dejó de bailar  y al año siguiente,  después de terminar la temporada del Liceo,  me fui a Madrid. Trabajé con Paquita Tomás, bailando flamenco y fue entonces cuando conocí a Antonio Gades*.  Por lo visto dejé mi huella en el Liceo, porque me llamaron para que volviera. Era el año que me tocaba hacer la mili y me sacaron del cuartel de Valencia, tuve suerte,  y eso que era una mala época porque coincidió con los problemas con África y nos tenían a todos acuartelados. Aquello fue un hito

 

*>*: Hubo un ángel de la guarda.

MIGUEL  Sí. El Conde de la Cámara* me echó una mano. Era muy amigo del sr. Ramon Pujol, que era crítico y periodista de la época,  muy influyente, y que además estaba relacionado con el sr. Pàmies*, director del Liceo por aquel entonces .  Fue a finales del año 1957,  y ya no volví a la mili. Para mi fué una suerte  tremenda,  porque yo tenia la sensación de que mi carrera de bailarín estaba amenazada, y no sabía que hacer…. Pero me sacaron y lo conseguí. Estuve bailando con la Compañía de Ballet del Liceo con  El Lago de los Cisnes*  y Petrushka. Hasta el 1961.  A partir de allí me fui de España y ya no volví. Del  Liceo, pasé a ser el bailarín estrella del Ballet de Burdeos*.

 

*>*: ¿ donde y como os conocisteis Rosalina i tu?

MIGUEL Es muy curioso. Yo estaba bailando en una compañía de ballet  en Bélgica y Rosalina ya estaba en Tenerife y daba unos cursillos de invierno en su escuela. Ella había contactado con Jorge Lefèvre*, marido de Menia Martínez*, que, a la vez, era mi pareja profesional. Este chico, como  tenía sus obligaciones con Béjart, no pudo atender el cursillo, y  Rosalina se quedó sin maestro. Entonces llamó a Pastora Martos* y fué ella quien le dijo: -Miguel Navarro está aquí de vacaciones, llámale a ver si acepta.

Era Navidad y yo estaba pasando las fiestas en Barcelona,  con mi madre.

Me llamó, y fíjate,  yo  ya había dado bastantes vueltas por este mundo, pero a Canarias no había ido nunca. Y me dijo: -Mira, soy Rosalina Ripoll. Y yo le dije:-Sí, ya me acuerdo de ti de chiquitita. Yo me acordaba de ella, va en serio! [ respon a la meva expresió de sorpresa] porque era una niña como muy especial.  Total que me hizo gracia la idea. Hablé con la compañía donde estaba trabajando y  me dijeron que me daban unos días de permiso,  y así fue como yo hice el cursillo. Qué niña más mona, pensé,  refiriéndome a Rosalina, claro. Terminé el cursillo y me fui, porque  además,   me puse malísimo en Canarias por el calor.  Yo estaba acostumbrado al clima del norte de Europa y de golpe llegué a Canarias y me morí! sufrí una descomposición tremenda. Al año siguiente fue Pastora Martos quién organizó un  cursillo en la INEF*. Me llamó para dar clases , y  Rosalina vino para tomarlas.

ROSALINA Con todas las niñas de mi escuela.

MIGUEL Con 35 niñas. Un montón de ellas. Y bueno, allí empezó el fandango.[es miran carinyosament]  Me fui a Alemania y se vino conmigo.

 

*>*: Si me permitís voy un poco atrás y nos centramos en lo que fue vuestra carrera en el Liceo, vuestras experiencias, la relación con el maestro Magriñá, la relación con vuestros compañeros, en fin, el ambiente en que os moviais.

ROSALINA A parte de tener un recuerdo genial, me fue todo rodado.  Tomaba  clase,  estaba en el cuerpo de ballet y daba clases desde muy jovencita. Con 13 años el maestro me dio la oportunidad  de ayudarlo mientras el daba clase en su estudio.  A mí me ha gustado siempre mucho la enseñanza.

 Helena Bonet, Carmen Cavaller, Mercedes Roca y yo entramos en la Compañía del Liceo en el mismo año. Dos que venían del Instituto del Teatro* y Helena y yo que veníamos directas del maestro. A los 16  me nombraron solista, junto con  María Dolores Escriche, Helena Bonet, y Guillermina Coll. Fue el primer año que éramos cuatro solistas, porque siempre habían sido solo dos. Nosotras nos quejábamos de que no teníamos un horario, siempre le preguntábamos a la señora Conchita: -¿A qué hora saldremos esta tarde? Y ella decía: -Aquí se sabe la hora en que se entra pero no la hora en que se sale. Esa era la contestación que te daba. Ahora en las compañías, hay que respetar el horario de contrato, si no hay jaleo. Me parece normal, pero en aquella época yo lo encontraba tan bonito! desde las 10 de la mañana, que empezábamos con la clase, hasta,  a lo mejor,  a la una de la madrugada después de la función. A mí me encantaba estar allí, en el ensayo de escenario, en el ensayo abajo, en la clase, ahora el general, ahora te baja la sastrería… A mí me gustaba tanto eso, que me daba igual estar todo el día. Nos  parecía normal, éramos muy jóvenes y teníamos muchas ganas, mucha ilusión y mucha energia!. En aquella época me lo pasé genial, éramos todas  muy amigas, con los chicos igual. No tube nunca ningún problema.

 

 

*>*: Entrega…,  y dedicación incondicional?

ROSALINA Si,  tú ibas  a trabajar sin pensar en nada más,  no era por el dinero.

MIGUELPor el dinero no. Porque en el Liceo se pagaba poco.

ROSALINA Si, es verdad. Para hacer una vida de bailarina tenías que tener un soporte en casa,  porque  cobrabas poco y además tenias muchos gastos … las – zapatillas de punta- y todo lo demás. Al cabo de unos años fué mejorando y  cuando se creó el Ballet conseguimos que nos dieran las zapatillas, no todas las que necesitábamos, por supuesto!

 

*>*: Rosalina, has mencionado la creación del “Ballet”,  cuéntamos por favor, como fué?

ROSALINA El Cuerpo de Baile del Liceo* se dedicaba a hacer la parte de baile de las óperas, el maestro nos organizó como compañia y entonces  solo hacíamos ballet, me refiero a que no hacíamos ópera, lo recuerdo fabuloso. Fue muy duro en el sentido que … me acuerdo que organizaron una –tournée-. Me acuerdo que te ibas del norte, al sur, y del  este al oeste, en aquellos autocares…! terminabas la función  y te desmaquillabas en el autobús. Pero  nosotros no nos quejábamos. Las chicas  mayores, que en esa época eran Cristina Guinjoan, Aurora Pons… sí que se quejaban. Pero yo era del cuerpo de ballet y me lo pasaba muy bien con Helena, con Guillermina Coll, con María Dolores Escriche….

 

*>*: Podríamos decir que había una resignación aceptada por una ilusión?

ROSALINA Claro. Creo que los  mayores, que también tenían mucha más responsabilidad, se quejaban porque veían a las compañías de ballet del extranjero  como venían a bailar al Liceo, y lo comparaban a como íbamos nosotros por el mundo, que parecíasmos gitanos, y claro,  daba envidia. De todas maneras para mi, con 15 años, irte de gira por España era divertidísimo, aunque  muy cansado. Hacíamos función de tarde y noche y además no estaba bién organizado, pero como que en España no estaba organizado nada de nada!  Ahora no se concibe una cosa así. Los bailarines ahora tienen  su sueldo, sus dietas, tienen hoteles pagados, viajes en avión, lo tienen todo perfecto, no se encargan de nada. Llegan al teatro y tienen a la sastra a su disposición. Es totalmente diferente.

 

*>*:  Me comentas que os comparabais con las compañías que venían de fuera a bailar  en el Liceo.

ROSALINA Yo era muy joven  y veía a Alicia Alonso*,  me encantaba.  Yo sospechaba que en España en esa época no se trabajaba como en el extranjero. Después, cuando salí fuera, tuve la oportunidad de confirmarlo. Eso sí, a lo largo de mi vida he trabajado con muchos profesores y siempre me preguntaban  con quién había aprendido, por la velocidad con la que me aprendía  los pasos y las coreografías. Yo decía: -Es que cuando eres capaz de seguir la velocidad con la que el maestro marcaba, especialmente la –batería- en los saltos….. puedes con todo!. Trinidad Vives*,  y su profesora  Carmina Ocaña, con la que somos muy amigas,  me lo decía siempre.  El maestro era excelente  en  el trabajo de  brazos y se preocupaba mucho de la expresión. Pero claro, no se preocupaba tanto de que aquello estuviera limpio y correcto. Para él, la expresión era lo primordial.  Creo que si yo ahora me analizara en la coreografía  A tiempo Romántico*  por ejemplo, me desmayaría. Bueno, tambíen me pasa lo mismo  cuando veo los videos de Margot Fontaine* y digo: ¡Madre mía!

 

*>*: A eso me refiero. Viendo las distintas compañías y los distintos bailarines  que venían a Barcelona, en comparación con  vosotros

ROSALINA Yo no me fijaba con las bailarinas del cuerpo de baile, miraba a las principales y decía: ¡Qué maravilla! Porque ellas se pasaban la vida haciendo  El lago de los cisnes*  y nosotros hacíamos La Traviata, La Favorita, Aída *…

En el Liceo muchas veces pasaba que los directores de escena  le pedían al maestro que hiciera cambios en el momento… y te  cambiaba la coreografía  una hora antes de salir a escena!. Claro, aquella gente venía al Teatro después de hacer  El lago de los cisnes 800 veces, cómo no le va a salir bien, es que si no es para matarlos. Si miras eso, éramos divinos!

MIGUELDe todas maneras la técnica ha evolucionado mucho desde entonces. Pero no cabe duda de que esa gente estaba más preparada que nosotros. En una ocasión estuve tomando una clase con  John Gilpin* a mi lado,   y no cabe duda de que en comparación con nosotros tenía una técnica muy buena. Buenísima. Cuando  salimos a trabajar al extranjero nos tocó pelear como fieras,  y no me refiero a mí solo sino Juan Sánchez, Víctor Ullate*, a todos lo que hemos salido y que luego les pasamos la mano por la cara, también es verdad. Palabra de honor que es verdad.

 

*>*: Me han comentado  vuestros compañeros que había el truquillo para acabar de formarse. Ibas al maestro y te formaba el torso, el movimiento de cabeza ,  el estilo de los brazos…

ROSALINA Ibas a Madame Elsa…

*>*: Y te enseñaba la técnica de piernas y piés.

MIGUEL Ahí está.  Sin que nadie supiera que íbamos del  uno  al otro. Eso lo recuerdo muy divertido.  Entonces había como la posesión del pupilo. Sobre todo el maestro, él  se enfadaba mucho, por eso lo hacíamos en secreto. Así es como te ibas formando.

 

*>*: Ahora que hablamos del maestro, ¿podríamos hablar un poco más de él? ¿De la relación personal y profesional?

ROSALINA  Sí,  yo tuve mucha amistad con él , cada verano íbamos de vacaciones a  Vilanova.  Mi madre se hizo muy amiga del sr. Isidro, el hermano del maestro, y tuve muy buena relación,  nunca tuve problemas con Magriña. Jamás. Él me trató siempre  muy bién, muy cariñoso, yo era además la típica niña habladora. Habladora antes y habladora ahora! En las clases y en los ensayos siempre me decía:-“¡No hables tanto!. Recuerdo que cuando empecé a dar clases en el estudio del maestro tuve de alumna a Mercedes Núñez*. Era pequeñita y tenía las  piernas muy largas, a mí me gustaba mucho y pensaba que prometía. Me tocó a mi enseñarle a bailar a ella y a Berta Albareda  los famosos “ Negritos” de Aida, con la coreografía del maestro Magriña. El maestro me enseñó  a dar las clases. Creo que, en realidad,  me gustaba más dar clase que bailar. Ya desde muy pequeñita, ponía a mis muñecas en fila y les daba clase, imitando a Romana Otini, que es quien nos daba clase cuando el maestro no estaba. Me acuerdo perfectamente de ella,  con una falda de –español- , azul con lunares blancos,  dándonos la clase de ballet,  yo tenía nueve años.

En general nos llevábamos todas muy bien, Helena [Bonet ], Guillermina [ Coll], Marlene, Alfonso [ Rovira]*… Éramos los que siempre estábamos juntos porque éramos de la misma edad.

 

*>*: De todas formas, creo que la encargada de poner disciplina y echar las broncas era la señora Conchita, que estaba detrás.

ROSALINA Totalmente. Pero  tampoco tuve problemas con ella. A mí me trataba como si fuera  una hija del maestro o una sobrina .  Mi madre y la señora Conchita eran muy amigas.

Como te he dicho, yo era de las típicas “folloneras”, siempre organizando  juergas en aquel pequeño vestidor de la calle Petritxol [es refereix a l’estudi de Joan Magriñá], y aparecía la señora Conchita y abría la puerta, (no sé cómo se las arreglaba pero siempre estaba detrás de la puerta! ) entonces les pegaba la bronca a todos y yo siempre me salvaba. Nunca tuve un enfrentamiento con la señora Conchita.

 

*>*: ¿Y  los chicos , cómo se vivía todo esto? Con el maestro, la señora Conchita…

MIGUELYo, me llevaba bastante bien,  aunque, yo tenía  bastante carácter, pero  el maestro más, y entonces sí que alguna que otra vez teníamos enfrentamientos,   profesionales,  por supuesto, pero tampoco fue nada grave, y en definitiva, siempre  guardamos  una relación maravillosa. Solía ir a pasar algunos  fines de semana en su casa en Vilanova, y hasta el último momento, hasta que se murió, cada vez que veníamos a Barcelona, lo íbamos a visitar.

ROSALINA Nos bailaba! Decía: – si voy con  cuidado,  todavía puedo.  Tocaba el piano.

MIGUEL Sí, había aprendido a tocar el piano.

 

*>*: En todas las entrevistas  que he mantenido con  exbailarines del Liceu hay una constante la referencia al  sr.  Magriñá como una persona de talento en cuanto a muchas facetas,  por ejemplo: como coreografo, por supuesto, pero también como descubridor y  mecenas de nuevos talentos.

MIGUEL Sí. También como maestro, cuidadoso en el estilo y la expresión, que era la parte que le importaba más de un bailarín. Hay otra faceta de la personalidad del maestro…la parte más débil. Después de todo el trabajo de creación coreográfica que hizo durante tantos años, uno detrás del otro, manteniendo el ballet en el Liceo, trabajando con el señor Pàmies*, que al fin y al cabo, era un empresario privado, y de golpe, el maestro se hace mayor, se acaba su carrera en el Liceo y parece como si todo se deshiciera. ¿Qué pasa ahí con todo su trabajo?… Desde que me fui en el 1961, vine a visitarlo de vez en cuando, pero no he sabido nunca lo que pasó en el Liceo,  nunca más.

ROSALINA De alguna cosa nos enterábamos por la gente, antiguos compañeros,  que nos explicaban. Recuerdo que me dijeron: -Ahora va a haber una compañía estable. Y lo que pasó fué justamente al contrario,  desapareció. Y ni estable ni no estable. Nada. Mal por mal, antes había algo. No sé si esperaban que el maestro lo dejara para cerrarlo todo, me refiero al ballet, porque todo lo demás mejoró.  Me imagino, que entre que se quemó el Liceo y el tiempo que estuvo cerrado para la reconstrucción, aprovecharon  y dijeron: Cortamos y cero.

MIGUEL Compañía del Liceo siempre ha existido. Antes de que yo bailara ya hubo una compañía que se llamaba Els Ballets de Barcelona* con la que fueron a París y todo. Eso pasó en tiempos de  Consuelo Sánchez y toda esa gente de la época.

Yo bailé mucho por ahí con el maestro,  en ciudades alrededor de Cataluña,  y  también hacíamos las óperas de la temporada en Oviedo. Era el Ballet del Liceo.

ROSALINA Y también en las Palmas, yo bailé allí  con el Ballet del Liceo.

MIGUEL  Con pequeñas interrupciones, es probable, pero el Ballet del Liceo ha existido desde hace muchísimos años. La gente no lo quiere reconocer por la razón que sea, a lo mejor porque no ha perdurado , pero  la época de  Rosalina fue una época buenísima, donde estaba incluso el famoso sr. Govilov*,  hermano del no menos conocido Golovine*,  que vino a bailar con ellos como artista invitado, y era una compañía en plan serio. Que obsesión en no querer reconocer que había habido un ballet, se obstinan en que es una mentira. ¿Por qué no querrán? No se le puede negar al maestro una trayectoria importante en el momento donde en España no había nada.

Cuando yo me fui a Madrid la primera vez dije que yo era bailarín clásico y me dijeron: -Bailarín ¿qué?. Lo que pasa es que los madrileños son gente muy lista y no sé si decir que nosotros hemos sido muy tontos,  porque la cultura estaba en Cataluña y sobre todo la danza, liderada por el maestro Magriñá. El maestro siempre fue muy inquieto, siempre  quiso estar “à la page”  de todo lo que se hacía fuera  de nuestro país,  siempre aprendía y eso lo mantenía y lo mantuvo hasta que se retiró. Y cuando en el resto de la península  no se bailaba más que  la -danza española-, en Barcelona se vivía una explosión de la danza clásica, pero podemos hablar  también de la música o de la pintura. Barcelona ha sido el motor de muchas cosas, porque aquí la gente se interesaba, tenía una inquietud por todo. Ahora la tienen los madrileños, y me vas a perdonar, pero es prestada. Es verdad. Aquí siempre hubo una compañía de ballet, aunque a  veces vivía a trancas y barrancas, pero se mantenía. Ahí.

 

*>*: Vosotros teneis un hijo bailarín  que está en una compañía muy admirada por los catalanes: la compañía de Maurice Béjart. Esta compañía des de hace muchísimos años viene sistemàticamente al Liceo, y en estos días está en cartel, y vuestro hijo bailará en el Gran Teatro del Liceo… la historia se repite: 

MIGUEL Sí,…[ somriu ampliament] él  no lo tenía muy claro al principio, pero por narices le hicimos seguir estudiando. Vamos a ver, no le obligábamos… Al principio no era muy trabajador, las cosas como son, hasta que se presentó una ocasión. Teníamos una niña en la escuela, debia tener entonces 13 años, que bailaba precioso, y mi hijo tenía ya los 16, y yo les vi preparados a los dos, y les dije: -Voy a montaros  el – pas de deux-  de El Quijote, entonces empezó a interesarle de verdad. Como vi que lo sacaba bien, les monté las variaciones a cada uno y la coda final.

MN: Mi hijo ha sido siempre muy artista. Entonces lo cogí por las orejas, me lo llevé a Madrid, Víctor Ullate* y yo somos amigos de hace 45 años por lo menos, y le dije:

-Mira, Víctor, este quiere bailar. Así es que como en casa no va a hacer caso, tú lo coges como si fuera tu hijo. -No te preocupes, Miguel. Y ahí lo dejé. Al año estaba en la compañía de Víctor. Lo vio Béjart, y a la semana siguiente tenía el contrato en casa. Y por si fuera poco, de pronto se encontró con dos opciones, ya que la compañía Het National Ballet de Holanda también le ofrecía un trabajo . Una suerte tremenda! Claro que tiene cualidades, por supuesto.

 

*>*: Vosotros habéis hecho una carrera importante cada uno por su parte.

ROSALINA Yo de aquí me fui a Canarias a montar mi escuela, que es lo que en realidad me gustaba.

*>*: Y ha dado sus frutos, tenéis una buena escuela y una buena  compañía.

MIGUELUna compañía que lleva ya 28 años funcionando!

 

*>*: Desde vuestra perspectiva como directores de compañía y habiendo estado en el Liceo, ¿cómo veis un  gran teatro de ópera sin compañía de danza? ¿Cómo se ve Cataluña sin compañía de danza?

ROSALINA Increíble.

MIGUEL De llorar. Lo veo de pena. Yo por mi parte y   estando todavía bailando fuera… lo intenté, intenté montar una compañía, pero  no me hicieron ni caso.

*>*: ¿En el Liceo?

MIGUEL En el Liceo, en la Generalitat y en muchos sitios. Presenté el proyecto, estuve insistiendo, escribí un montón de cosas para conseguirlo. Lo cogieron, lo archivaron y ahí se quedó. Y ahora últimamente ha sido también Corella que lo ha intentado y tampoco lo ha conseguido, y no lo va a conseguir…

ROSALINA Y Juan Sánchez, él también lo intentó, y no tubo un buen final que digamos.

MIGUELNo sé qué pensar. Hemos sido los punteros, antes  exportábamos, en esa época que dicen que no existimos, exportábamos de todo, en el ámbito artístico. Ahora si necesitan  algo, lo traen de fuera. Eso lo encuentro de pena,  para llorar.

 

*>*: Los estudiantes de danza,  futuros profesionales,  se van por todo el mundo.

ROSALINA Claro, ¿qué hacen?

MIGUELYo creo que es una pena que gente del Instituto del Teatro*, por ejemplo, que me consta que está formando muy buenos bailarines, y otra gente con iniciativas ,  ha tenido que hacer como nosotros, irse,  o malograrse. Es una verdadera pena, porque aquí hay una buena fuente para nutrir cualquier iniciativa seria. Hay buenos bailarines y se siguen formando buenos bailarines. Si tienes una buena base y una buena técnica, el resto depende del coreógrafo y de lo que te enseñe o te pida. Aquí  [ es refereix a Catalunya] hay el material base, y esta gente joven con ganas y con ilusión,  se malogran o  se van fuera porque aquí, de todo el territorio español, es donde menos oportunidades hay. Parece que se quiera enterrar,  no solamente la historia del ballet en el  Liceo sino la historia del ballet en Cataluña. Toda esta danza moderna del break, que está muy bien, tiene que existir porque hay que evolucionar, pero no hay que olvidar que  la danza clásica también evoluciona constantemente. El ballet clásico  es El Lago de los cisnes, pero también muchas cosas más.

En nuestra compañía,  del repertorio de la danza clásica  no toco nada, casi, somos muy respetuosos con eso, porque si se baila ha de ser con el máximo de garantías de que salga perfecto. Pero mi herramienta es la danza clásica y neoclásica y puedo hacer mil coreografías  distintas de ballet.

En detrimento del ballet clásico, parece que ahora  a todo  se  le llama bailarín, y  muchos de los que así se llaman,  de bailarines poco. Un bailarín es como un pintor, como era Picasso, por ejemplo. Un señor que se ponía a pintar formal, y te hacía maravillosos cuadros y luego fue evolucionando,  hasta hacer lo que hizo por sus convicciones. Pues la danza es igual. Para la danza tienes que tener una buena base. Y a partir de ahí evolucionas. Pero no siendo autodidacta. Qué puñetas, ten una buena técnica, como la que te da el ballet  y luego olvídala y saca tu temperamento y tu arte o tu genio. Pero con una buena base. Como todo en la vida, es el dicho de siempre, hay que empezar por los cimientos, que sean sólidos, y a partir de ahí puedes hacer virguerías.

Lo bueno sería  poder decir que por fin hay algo aquí, en Barcelona,  con unas raíces  profundas y  que ya no va haber quien lo quite. Porque, como ya ha pasado varias veces,  parece que en cuanto se forma cualquier cosita viene el político de turno y lo echa a hacer puñetas otra vez.

ELS DOS:  Es lo que pasa en el Liceo.

 

*>*: Nosotros tuvimos con el maestro Magriñá la oportunidad de tener, si se hubiera seguido la tradición, una compañía con un carácter muy determinado catalán. Porque fuísteis bailarines formados en muchas disciplinas distintas, capaces de bailar cosas muy diferentes, cosa bastante singular y  que no se da en ninguna otra compañía, ni de antes, ni de ahora.

MIGUEL Tienes toda la razón.  Si hubiera la voluntad, sería cuestión de volver a empezar.

 

*>*: Ahora estamos aquí para testimoniar que vosotros habéis existido, que no debe seguir como está, que hay que cambiar las cosas

ROSALINA A ver si es verdad.

 

*>*: Es estupendo poder hablar una vez más con los protagonistas de la historia en vivo y en directo, es un gran placer poder constatar la energía, la vivacidad, la ilusión que todavía tenéis cuando habláis de todo esto. Muchísimas gracias por vuestro testimonio.

ELS DOS  nosotros también estamos  muy agradecidos. Un beso.

 

 

*entrevista realitzada el 24 de juliol de 2008

 

Margarita Cabero Moré


caberomore@gmail.com